Málaga y Zaragoza son las localidades donde más incrementan el precio de venta, en hasta un 24%.
El buen momento económico que vive nuestro país, gracias al sector inmobiliario, está potenciando que los propietarios de viviendas de segunda mano decidan incrementar en hasta un 20% el precio de venta. Según un estudio presentado por la
Universidad Pompeu Fabra, es en las localidades de Málaga y Zaragoza donde se lleva a cabo una mayor sobrevaloración de los
inmuebles con un sobreprecio que ronda el 24%.
Esta tendencia obedece a unas expectativas demasiado elevadas por parte de los propietarios de viviendas que va en contra de la realidad social, con
precios inasumibles por la clase media y baja de la población. De hecho, se busca un perfil más exclusive. Aunque esta situación puede llevara a una estabilización si se construye más obra nueva que contribuya a desatascar la creciente demanda de viviendas y la poca oferta existente en la actualidad que permite este incremento en el precio de venta.
Compra de inmuebles por inversores
En el caso de los inmuebles de lujo esta sobrevaloración puede alcanzar el 30%, sobre todo en ciudades como
Madrid y Barcelona. Con esto, se pretende que en barrios premium se pueda equiparar el precio a capitales europeas como París, Londres o Berlín.
Uno de los motores del sector en 2017 fue la inversión inmobiliaria en un 28,8%, en parte favorecido por la baja rentabilidad de los depósitos bancarios. No obstante, el comprador particular que adquiere un piso para uso propio continúa siendo el de mayor actividad. En cambio, en la compra de edificios, el inversor extranjero sigue siendo importante, gracias a su firme apuesta por ciudades como Barcelona y Madrid.
Alquileres al límite
Precisamente, en estas dos ciudades, se está dando un importante boom inmobiliario en el mercado del
alquiler. Con rentabilidades que alcanzan el 7% (en 2007 antes de la crisis no superaba el 2%), parece que el creciente aumento del precio del alquiler puede tocar techo.
Pero, una vez más, existe la paradoja entre las expectativas del mercado y la realidad social. Y es que una familia media, no endeudada, con un contrato fijo, puede pagar hasta 1.000 euros mensuales por el alquiler de una vivienda. De hecho, en ciudades como Madrid, pero sobre todo en Barcelona, se ha reducido el coste del alquiler en un 5, aunque la media nacional se ha incrementado un 12%.
Una radiografía del panorama inmobiliario actual que crece de forma desigual en el territorio nacional y que parece que en 2018, esta tendencia alcista, parece estabilizarse.